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ArticlesLos Españoles en Trafalgar: navíos, cañones, hombres y una alianza problemáticaSi no era en el diseño y construcción de los buques, cabe preguntarse si en algún otro aspecto los españoles tenían una clara inferioridad, y siguiendo en el orden técnico por lo que a los buques se refiere, lo cierto es que había una, derivada de la dependencia española del exterior para el suministro de ciertos materiales indispensables para los buques de aquella época, por un lado síntoma de un cierto atraso industrial ya en el siglo XVIII y por otro, de la dependencia de materias primas que no se podían encontrar en las posesiones españolas. Esta dependencia era ya tradicional y ha sido ya anotada para el siglo XVII al menos, pues y aunque las maderas españolas y americanas para los cascos como el roble, caoba o teca eran de las mejores del mundo, no sucedía lo mismo con las maderas necesarias para arboladura y aparejos, especialmente el pino del Báltico. También era necesaria la importación de lonas y linos, cáñamo y otros materiales, que entre los industriales incluían las maderas elaboradas y sobre todo la ferretería y arcos para toneles, así como alquitrán y brea. Según ha estudiado Alcalá-Zamora y Queipo de Llano, la procedencia de casi todos estos materiales importados por España era el Báltico y Mar del Norte en general, y mucho más secundariamente, los nacientes Estados Unidos. Ante una declaración de guerra con Inglaterra, tales suministros se veían rápidamente interrumpidos, por el casi inevitable control británico de aquellas aguas, por lo que la Armada se veía privada de materiales esenciales para tener operativos los buques. Precisando la cuestión: aunque los cascos eran magníficos y se conservaban bien en nuestros arsenales, pronto el déficit en velamen, jarcía y arboladura de repuesto, por citar sólo los más esenciales, los confinaban a sus fondeaderos. Por supuesto que se buscaron substitutivos nacionales, pero estos productos eran de inferior calidad, y sobre todo en el caso de los masteleros, no tenían la resistencia adecuada, con lo que solían partirse en el momento menos adecuado, comprometiendo la velocidad y maniobrabilidad del buque. Por ello, y durante los períodos de paz, las importaciones de tales productos eran masivas, hacia octubre de 1777 consta que pasaron los estrechos daneses ( el Sund especialmente) nada menos que 70 mercantes con suministros navales, entre 1783 y 1789, acabada la guerra de independencia de los EE.UU, nada menos que 100, y más de 170 en 1793, cuando España y Gran Bretaña eran aliadas contra la revolucionaria Francia. Pero y aunque se acopiasen todo lo posible durante las treguas, dichos materiales eran de rápido desgaste en navegación y no digamos en combate, aparte de que al tratarse de materiales orgánicos unos y férreos otros, siempre su conservación era problemática y más con los recursos de la época. Teniendo en cuenta la casi continua guerra naval entre 1796 y 1805 y la imposibilidad de conseguirlos en tan dilatado período, Alcalá-Zamora concluye en que “casi no eran precisos San Vicente ni Trafalgar” para explicar el declive naval español.5 Por supuesto que nuestros aliados franceses tuvieron el mismo o parecido problema, sólo resuelto por Napoleón ya demasiado tarde con el dominio continental y en concreto del Báltico. Footnotes
© National Maritime Museum, Greenwich, London |
ISSN: 1469-1957
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