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ArticlesLos Españoles en Trafalgar: navíos, cañones, hombres y una alianza problemáticaLos buquesEs admitido comúnmente entre los estudiosos que el diseño y la construcción naval militar española del siglo XVIII y hasta después de Trafalgar tenía poco que envidiar si no es que superaba a los de otras naciones. A comienzos del XVIII el gran constructor D.Antonio de Gaztañeta había introducido en la construcción naval española los principios matemáticos y geométricos, con los primeros planos de conjunto de los buques, lo que produjo unos navíos excepcionalmente bien conseguidos, más grandes y resistentes que sus homólogos británicos.1 Uno de ellos, el “Glorioso” se hizo famoso al vencer en solitario y sucesivamente a varias agrupaciones inglesas más potentes teóricamente que él, causándolas serios daños y averías y la pérdida del navío “Darmouth”, hasta que al final, abrumado por el número y por las averías y bajas acumuladas en los tres combates sucesivos, tener que rendirse, cuando ya se iba a pique, a sus admirados enemigos.2 Otro navío análogo al anterior, el “Princesa”, apresado por tres navíos ingleses a los que resistió durante más de seis horas, fue incorporado a la Royal Navy, y unánimemente celebrado por su tamaño y fortaleza, y que pese a no ser sino un dos puentes de 70 cañones, sirvió de modelo para los tres puentes británicos de 90 y más cañones. Pese a la bondad del sistema, el gran Jorge Juan lo mejoró con la incorporación de las ciencias físicas y la continua experimentación, contratando y trayendo a España además a constructores británicos. El paso siguiente fue en sentido opuesto, al traer a España al gran constructor naval francés D. Francisco Gautier en 1765, que reorientó en ese sentido el diseño de nuestros buques, para concluir en su discípulo y continuador, uno de los mejores constructores navales de su siglo, D.José Romero Fernández de Landa, conocido muchas veces abreviadamente como Romero Landa, y cuyos buques estuvieron entre los mejores del siglo en todos los sentidos, y muy especialmente su serie de navíos de tres puentes y 112 cañones de porte, de entre los cuales el “Príncipe de Asturias” y el “Santa Ana” tuvieron una destacada actuación en Trafalgar, siendo el primero además el buque insignia de Gravina, y, hecho nada casual, sobreviviendo ambos al combate y posterior temporal y quedando en manos españolas.3 Por tanto, y según este apretado y esquemático resumen de la construcción naval española en el XVIII, de una buena base autóctona ( Gaztañeta) se mejoró adoptando sucesivamente los modelos ingleses y franceses ( Jorge Juan y Gautier respectivamente) así como todos los adelantos científicos de la época, para llegar a la síntesis de finales de siglo con Romero Landa, con muchos de los mejores navíos del mundo en su época. Curiosamente, y dada la longevidad de los navíos de la época, debida sobre todo al adecuado mantenimiento en los arsenales españoles, en Trafalgar estuvieron presentes navíos españoles de los tres últimos sistemas.
Nada pues cabe reprochar al diseño general de los buques españoles de la época, aunque conviene resaltar que con la técnica de la época resultaba casi imposible que dos navíos realizados según los mismos planos resultaran enteramente iguales en condiciones, y que pese a todos los esfuerzos y talento derrochados, era inevitable que algunos salieran medianos y otros francamente malos, eso sin contar con reformas posteriores a la construcción que alteraban de nuevo sus prestaciones. Uno de los menos conseguidos pese a su potencia, pues llegó a tener tras sucesivas y poco afortunadas reformas cuatro puentes y 140 cañones, siendo el buque de guerra más grande del mundo en su época, fue el famoso “Santísima Trinidad”, presente en Trafalgar.4 Footnotes
© National Maritime Museum, Greenwich, London |
ISSN: 1469-1957
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