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Los Españoles en Trafalgar: navíos, cañones, hombres y una alianza problemática

Una alianza equívoca y unos respetados enemigos

Como es sabido, y tras una dura guerra con la revolucionaria República francesa, la monarquía de Carlos IV se vió abocada a una alianza con tan directo enemigo ideológico que había destronado y ejecutado a los Borbones en Francia y que no tardaría en privarles también del trono en Nápoles, donde el monarca reinante era nada menos que el hermano menor del español.

Dicha alianza, tan “contra natura” en el terreno ideológico, se revelaba algo más coherente por el hecho de que ambos países, Francia y España, por encima de sus respectivos regímenes políticos, precisaban hacer causa común si querían evitar la consagración de la hegemonía naval, comercial y colonial de Gran Bretaña.

Pero los gobernantes españoles, y entre ellos el muchas veces injustamente denostado Godoy, eran muy conscientes de los peligros de tal alianza. El régimen revolucionario francés, con todas sus transformaciones en su proceso evolutivo hacia el Imperio, era una ideología militante que buscaba expansión fuera de sus fronteras, sirviéndose para ello principalmente del formidable instrumento de su “Grand Armeé” o Ejército de Tierra.

Y si algo había quedado claro en España tras la llamada “Guerra contra la Convención”, era la total insuficiencia del Ejército de Tierra español para hacer frente a la más pequeña amenaza del francés, por más que éste estuviera comprometido en otros escenarios europeos. Las improvisadas tropas convencionales, cuya mejor y mayor parte hubieron de dirigirse contra otros enemigos en Europa, habían sido más que suficientes para imponerse por completo a las españolas, pese a la entonces muy comprometida situación de Francia. ¿ Que se podía esperar ahora, con un ejército francés convertido en el mejor de Europa y con una situación estratégica para Francia mucho mas favorable?

Por todo ello, aunque pretextando que se hacía por las obligaciones que imponía la alianza, los gobiernos españoles se dedicaron a potenciar en lo posible el Ejército en detrimento de la Armada, decisión aún más dolorosa teniendo en cuenta el penoso estado de la Hacienda Real de Carlos IV.

Ya lo hemos expuesto, pero conviene repetirlo aquí por lo significativo: desde 1796, fecha del Tratado de San Ildefonso, no se volvió a construir ningún navío para la Armada, mientras que, por ejemplo, hubo dinero para cambiar en tres ocasiones el uniforme del Ejército, crear el Regimiento de Zapadores Minadores o la Artillería a Caballo. Entre la tradicional lucha contra los ingleses por los mares, el comercio y América, o la preservación de la monarquía, ésta había hecho su elección, por más que intentara encubrirla, como hemos dicho, con la fidelidad a la alianza francesa, ya fuera con motivo de la “Guerra de las Naranjas” o de la expedición a Dinamarca de las tropas del marqués de la Romana.

Ese cambio de prioridad estratégica se hizo notar no ya en las cifras oficiales del presupuesto, sino como anotaba amargamente Escaño, en las muy inferiores realmente libradas y gastadas:

“La Marina sufría un atraso en sus pagos que puede llamarse escandaloso; en los años anteriores no se había pagado la consignación que le estaba señalada, y se hicieron armamentos muy superiores a los medios con que contaba. No hablo de lo que se le quedó debiendo en el año de 1802; y desde ese tiempo se le adeudaban 262 millones de lo consignado para Europa, resultando de esta enorme deuda hallarse los arsenales con pocos repuestos de efectos navales, los buques con necesidad de carenas y recorridas, la maestranza, la marinería, tropa y oficiales mayores y de guerra acreedores a los jornales y sueldos de muchos meses ya aún años, lo mismo las dependencias de Marina en las provincias, en los hospitales y en América. Faltaba por último el crédito en la Hacienda de Marina, porque se adeudaba mucho a los asentistas de todas clases por efectos entregados y consumidos en la habilitación de buques armados y desarmados.”12 

Todas estas consideraciones y realidades debieron de pesar seriamente en el ánimo de los marinos españoles de la época de Trafalgar, mostrándoles lo crítico de la situación de su país y de la Armada en tal coyuntura.

Footnotes

  1. Escaño, Antonio: “Exposición sobre las providencias generales dadas en el Despacho de Marina…” en Quadrado y de Roó, Francisco: Elogio histórico del Excmo Sr. D. Antonio de Escaño, Madrid, Real Academia de la Historia, 1852, pp 171 y ss. [back to reference 12 in text]
© National Maritime Museum, Greenwich, London
ISSN: 1469-1957
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